Tres

Uno

Cuando saliste de casa por la mañana tu aliento todavía olía a cerveza. Habías pasado la noche en vela pensando que pronto dejarías el trabajo. Lo odiabas, pero era el único que te pagaba las facturas, y las botellas de whiskey. Estabas sola, sin dinero, eras fea y tu vida no valía nada. Todas aquellas cosas típicas de las personas atípicas que nadie sabía dónde encajarlas. Ese día salías temprano rumbo a un trabajo que te consumía la vida, igual que lo hacía la bebida. Todo era una inmensa mierda, que nadie más la había cagado. Habías sido tú. Tú misma. Cogiste el autobús y desapareciste con tu aliento a cerveza. Sabías que era la única manera de seguir hacia ninguna parte.

Hay personas que no saben qué camino siguen; a pesar de eso, se siguen moviendo. Tú lo sigues haciendo, a pesar de tu obesidad, das un poco después de otro. Un pie, otro pie, y luego el siguiente. Tú no puedes, es lo que te repites siempre. No puedes, pero lo haces. Las venas de tus piernas están a punto de reventar, tu piel es pálida, como tus ojos. Que han perdido todo brillo y toda esperanza. ¿O la conociste alguna vez? Has nacido sin ella, y lo sabes. Es tu parada, esperas y bajas. Ahora coges el metro. Doce minutos para que llegues al trabajo. Te sacas un cicle del bolso y comienzas a mascar con desesperación.

Dos

Nos miramos las manos. Mis hermanos y yo estamos esperamos la cola delante de la entrada del Parque de Atracciones. Soy la mediana, doce años. Laura es la mayor, quince, y Román es el pequeño, tiene siete años. No podemos entrar sin un mayor; ese era nuestro primo Mariano, de veinte. Ha accedido a acompañarnos porque nuestro padre murió recientemente. Los tres nos agarramos las manos para entrar y pasar un buen día. Mariano queda detrás, pasará detrás todo el día. Todo el día detrás de nosotros, pero cuidándonos desde lejos, porque intentará hablar con alguna chica. Seguro que lo hace. A pesar de su compañía será un día genial.

La cola avanza y estamos a punto de entrar. Mariano se ve muy joven, los granos perennes le delatan. Jamás le abandonaron a pesar de dejar atrás la adolescencia. Sigue avanzando la cola y una chica muy joven, y guapa se dirige a nosotros. Mariano es el más alto y sonrié a la joven auxiliar. Esta no deja de sonreír cuando pregunta por el adulto del grupo. Mariano dice que es él, y su tono es orgulloso. La joven sigue sonriendo. De acuerdo, déjame ver tu identificación. Mariano responde con otra brillante sonrisa. Se echa las manos a los bolsillos, primero delante, luego detrás. Las manos revoloteando por su sudadera. Oh, no, pensamos los tres. Román no se entera de nada. La chica sonríe y da unos toques al aire con su cabeza, cubierta con una gorra. Mariano baja la mirada. Se acabó el sábado.

Tres

Ella mirará con fantasía la cámara; exactamente más allá de la lente. No demostrará ser fotografiada, ni tampoco su belleza. Pero allí estarán. Las dos. Portará un hermoso vestido blanco, con encaje en todo su torso, y dejará libre su espalda blanca. Una línea la surcará hasta el comienzo de sus pequeños glúteos. Se ceñirá a la mesa y una mano masculina la agarrará poderosamente. Su mirada será azul, dulce, provocará discusiones. La noche será corta, pensará, pero tras la cena nada volverá a ser como ella lo hubo conocido.

Va de blanco, dirán algunos, se casará. Ella elegirá ese color por otras razones. Porque le hace verse más delgada. Todavía más delgada. A su lado, el hombre que le sujeta hablará con los otros comensales. Ella seguirá mirando hacia la lente, más allá de la lente, por encima de ella. A dónde estará viendo. A dónde he venido. Por qué no se reirá con los demás. Por qué no me río. No me mira a mí, si lo hiciera… No sé qué haré, pero quizá lo dejaré todo y me marche de aquí. ¿A dónde irá? ¿A dónde vas? Me tengo que ir. ¿A dónde va? ¿Qué te pasa? Nada; solo que me voy. Espera. Adiós. Voy contigo. El fotógrafo y la mujer de vestido blanco abandonarán el salón. Un hombre regresará a la mesa con el resto de la gente. Ellas cuchichearán y esperan saber qué ha pasado, ellos hablarán y agarrarán por los hombros al amigo. La cena continuará. Y la noche también.

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